¿Las redes nos dicen lo que queremos escuchar?

¿Cuándo fue la última vez que te peleaste con alguien de tu familia en Facebook? Hoy vamos a hablar de polarización y redes sociales. Si querés que los próximos artículos te lleguen a tu mail (hablamos de ciencia, tecnología y cambio social) te podés suscribir acá.

 

Durante la pandemia me peleé con un amigo (ahora ex amigo) en un grupo de whatsapp. Mandó unas fake news sobre la pandemia, yo pisé el palito y le respondí, me acusó de recibir plata del gobierno (?) y todo terminó conmigo saliendo del grupo. Me quedé enojado con él por meterse a provocar en un grupo de wp, conmigo por haber entrado en una discusión tan goma y con las redes sociales por promover tanta polarización y bajar tanto la vara del debate público. Pero las redes sociales ¿realmente polarizan?

 

Hagamos un experimento

 

Imaginate que en un período de tiempo de particular polarización (como antes de una elección) le pidiéramos a un grupo de gente que deje las redes sociales, y a otro que siga conectado. ¿Qué pensás que pasaría? Eso fue exactamente lo que hicieron un grupo de investigación de Estados Unidos en las semanas previas a las elecciones de 2018. Después de cuatro semanas de “desactivación” de sus cuentas de Facebook, las personas en el grupo 1:

 

  1. Habían pasado menos tiempo viciando con el celu y la compu, y reemplazaron esas actividades por otras offline como mirar televisión o socializar con amigues y familia.
  2. Disminuyeron su nivel de información y de polarización política.
  3. Incrementaron su bienestar subjetivo.
  4. Sostuvieron estos tres efectos por un largo período de tiempo, incluso después de haber terminado el experimento.

 

 

Las conclusiones, entonces, parecen ser contundentes. Si pasamos más tiempo en las redes sociales nos volvemos más fanáticos, reafirmamos nuestras posiciones políticas y disminuimos los vínculos fuera de las redes con nuestras personas cercanas. ¿O no? Bueno, es más complejo. Otro grupo de investigadores e investigadoras replicó este experimento en Bosnia, y los resultados señalaron literalmente lo contrario. Al finalizar el estudio, las personas “desconectadas” tenían una peor predisposición contra los grupos étnicos históricamente enfrentados. La explicación que dieron les autores es que la distancia social entre distintas comunidades étnicas en Bosnia es tan grande, que las redes sociales son prácticamente el único lugar donde pueden tener una imagen positiva de les otres.

 

¿Entonces? Es más complejo. Sí, el máximo cliché de las ciencias sociales, pero las personas no usan las redes sociales igual en Estados Unidos que en Bosnia, ni que en China, Argentina o Indonesia. Y no las usan igual en todo momento o en función de todos los temas. Además, “polarización” es un término que no alcanza para explicar lo que nos pasa en las redes. 

 

Cajas de resonancia

 

Hace unos años venimos diciendo que las redes sociales funcionan como cajas de resonancia o cámaras de eco: nos devuelven lo que ya pensábamos. Nuestro feed de Instagram está lleno de gente que piensa parecido, tiene consumos culturales similares y se informa por los mismos medios que uno. A diferencia de la vida offline, en la que elegimos amigues que piensan parecido, tienen consumos culturales similares y se informan por los mismos medios que uno.

 

 

Sí, seamos sinceros. Las cajas de resonancia no son un fenómeno exclusivo de la vida online. De hecho, algunos papers que se vienen publicando (si investigás el tema te recomiendo este repositorio colaborativo) vienen sugiriendo que en nuestras redes sociales nos encontramos con más opiniones diversas que afuera de ellas. Por ejemplo, un estudio hecho en EEUU sugiere que consumir noticias de Facebook lleva a la despolitización, y no tanto a la polarización (Bean & Hmielowski, 2018). O en Twitter, por otro lado, es común que cuando un tweet “polarizante” se viraliza, llegue también a las audiencias que piensan lo contrario (Liang, 2018), lo que no sucede en medios tradicionales -¿o alguna vez viste a tu tío facho leyendo La Izquierda Diario?-.

 

Ojo, también hay investigaciones que indican que las cámaras de eco no sólo existen, si no que tienen efectos graves sobre la democracia. A veces las redes sólo aceleran o visibilizan procesos sociales que tienen otro origen, por lo que los resultados de las investigaciones van cambiando con el tiempo, y todavía tenemos que seguir entendiendo más sobre el fenómeno. Sin embargo, la mayoría de los estudios coinciden en un aspecto que sí es preocupante. Las cajas de resonancia pueden no ser tan graves como pensábamos para la mayoría de la población, pero tiene un efecto distinto en las minorías radicalizadas.

 

Pendientes resbaladizas (rabbit holes)

 

En el cuento de Lewis Carrol, Alicia persigue un conejo con un reloj, se mete en su madriguera y termina en un mundo surrealista con hongos alucinógenos, reinas decapitadoras y sombrereros locos. La misma imagen (rabbit holes) se usa para explicar el efecto que producirían los algoritmos de las redes sociales: el de la máxima profundización. 

 

Los algoritmos analizan qué nos gusta, nos muestran más de lo mismo y eso profundiza nuestras inclinaciones ideológicas, como si cayéramos por la resbaladiza pendiente de la madriguera del conejo. En otras palabras, un día le das like a un tweet de Grabois, al día siguiente youtube te sugiere que veas una charla suya de seis horas y a la semana estas expropiando el sum de tu edificio para abrir una cooperativa agrícola.

 

 

La realidad es que esto no sucede. Por lo menos, no le sucede a la mayoría de las personas. Dos estudios de este año (Chen, Nyhan, Reifler, Robertson, & Wilson, 2022 y Brown, Bisbee, Lai, Bonneau, Nagler, & Tucker, 2022) estudiaron contenido “radicalizado” de Youtube y encontraron que hay poca evidencia que sustente la teoría de las pendientes resbaladizas (o “rabbit holes”). Los contenidos extremistas son consumidos, en su mayoría, por suscriptores (y no por recomendación del algoritmo) o espectadores que llegan al contenido desde afuera de las plataformas, y que mostraban tendencias racistas y misóginas anteriores a esos videos.

 

Entonces, recapitulando: a la inmensa mayoría de las personas las redes sociales no las radicaliza, no las expone a entornos de pensamiento único y los niveles de polarización son, al menos, menores a los que se sostiene habitualmente. Sin embargo, los contenidos radicalizados en internet existen, y le ofrecen a personas que ya tenían una mirada extremista, una plataforma para encontrarse con otres que piensan igual. Y eso puede estar influyendo en cómo se construye el debate público.

 

Hace tres décadas que internet viene facilitando la construcción de comunidades virtuales, lo que casi siempre es algo bueno, pero también le ofrece una plataforma a grupos sociales que tensionan los límites de la democracia. Estas minorías radicalizadas no suelen construir mayorías, pero introducen temas a la agenda pública que mueven el centro de la discusión.

 

La ventana de Overton

 

En Argentina, el caso de los libertarios es paradigmático. Con una pata muy fuerte en las comunidades virtuales se construyó una plataforma política importante. Sigue siendo muy minoritaria: apenas tiene representación parlamentaria por dos de 24 distritos. Sus propuestas tampoco tienen tanta tracción: a nadie se le ocurre que en Argentina se vaya a legalizar la venta de órganos o de bebés, como sugirieron algunos de sus referentes. Pero de pronto, arancelar la universidad ya no parece una idea tan radical ¿no?. 

 

 

La “Ventana de Overton” es un concepto que hace referencia a las ideas que la mayoría de las personas está dispuestas a aceptar. El efecto que están teniendo estas “minorías radicalizadas” casi nunca es el de introducir temas a la agenda pública. Argentina no va a liberar la tenencia de armas, cerrar el banco central ni aplicar políticas de control de la natalidad en familias beneficiarias de programas sociales. Pero el solo hecho de enunciar esas propuestas, dejando de considerarlas “impensables” para entenderlas como “radicales”, hace que otras ideas, que hace unos años hubiéramos considerado “radicales” (como discutir los consensos sobre los derechos humanos) puedan pasar a ser consideradas, por grupos menos radicalizados, como “aceptables”. En definitiva, se mueve la ventana de la discusión pública.

 

En fin. Si queremos entender qué está pasando en las redes, tenemos que partir del supuesto de que no todas las personas las usamos de la misma manera: va a depender del grupo etario, la región del mundo, el momento político y un montón de otras cosas. Por lo tanto, las conclusiones que extraigamos tienen que tener en cuenta que los efectos van a ser, también, diferentes. Además, como vimos en un envío anterior, los efectos de cada red social son diferentes, o hasta incluso opuestos.

 

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Manu

Manu Aguilera

Manu Aguilera

Director Ejecutivo y Cofundador de Impacto Digital

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