Tierra, techo, trabajo y wifi: El futuro del trabajo

Esta es la primera entrega de un newsletter sobre Tecnología y Derechos en el Siglo XXI, leerlo te va a llevar 11 minutos. Si querés que los próximos te lleguen directamente al mail te podés suscribir acá.

 

Nada más antilaburante que un primero de mayo que cae un domingo. Pero como cualquier excusa es buena para discutir sobre cómo trabajamos, el martes pasado organizamos un encuentro en el CCK con tres personas que saben mucho más que yo sobre el tema. Estuvieron Nati Zaracho, trabajadora de la economía popular y diputada nacional; Eli Bracciaforte, cofundadora y COO de Workana (una empresa que conecta freelancers) y Ramiro Albrieu, investigador en desarrollo económico del CIPPEC y el CEDES. No te quiero contar en detalle lo que pasó: el audio completo lo podés escuchar acá, las fotos del evento las podés ver acá y además te comparto un punteo de lo que se habló en cada grupo. Pero la charla me dejó pensando en estas claves para discutir sobre el futuro del empleo:

 

No obsesionarse con lo que pasa en Silicon Valley

 

Que veas en Instagram que una computadora pueda hacer un diagnóstico clínico no significa que tu tía médica se vaya a quedar sin laburo pasado mañana (estoy viendo esta serie que muestra mucho de esto). Lo que pasa en nichos de innovación y desarrollo tecnológico no se puede traspolar automáticamente al resto del mundo. La incorporación de inteligencia artificial para la automatización de procesos manuales se da de formas muy diferentes entre regiones. Cada país (o incluso ciudad) tiene su propia dinámica y velocidad para el desarrollo e incorporación de tecnología, distinta a la de Silicon Valley. De hecho, para el 2050 los países en desarrollo van a representar el 90% de la población mundial en edad de trabajar (CIPPEC, 2022), así que deberíamos prestarle un poco más de atención a lo que pasa en el Sur Global. En este sentido, Ramiro Albrieu decía “miramos nada más ciertas discusiones y tomamos como dato que el mundo funciona así. El mundo no funciona así.” Nos cuesta un montón pensar narrativas y escenarios de desarrollo desde nuestra propia realidad, pese a que el mundo -en promedio-, se parece mucho más al conurbano que a Palo Alto. “La dinámica del mercado laboral está pasando por fuera de como nosotros enmarcamos los problemas. Y eso tiene implicancias muy grandes porque eso baja después a la política de los gobiernos.” completaba Ramiro.

 

Lo que te imaginas cuando ves Instagram:

 

 

Nuevas formas de desigualdad: nuevas formas de regulación

 

Tengo un amigo que trabaja en Rappi como programador. Cobra un salario en dólares 7 veces más alto que el mío, tiene horarios flexibles y desactivó sus notificaciones de LinkedIn porque está cansado de que le ofrezcan trabajo. Tengo otro amigo que también trabaja en Rappi. Pedalea una bici 7 horas por día entregando pedidos, gana un 30% de lo que gano yo y se tuvo que comprar su bici y su uniforme. Técnicamente no es empleado de la empresa, si no un colaborador independiente. Un CEO de su propia bici.

 

Si históricamente la desigualdad se explicaba, principalmente, por la posesión o no de los medios de producción (marxismo intensifies), hoy aparecen nuevas formas de acumulación e inequidades muy profundas hacia el interior de la clase trabajadora.

 

La tecnología transforma radicalmente cómo trabajamos desde hace al menos 12.000 años, cuando domesticamos las plantas. Y en cada transformación siempre hay ganadores y perdedores. Pero esta es la primera vez en la historia que todo cambia tan rápido, y la desigualdad es uno de los principales desafíos a enfrentar desde la economía y la política durante los próximos años.

 

Quienes más pierden con las disrupciones tecnológicas son les trabajadores manufactureros calificades, que son desplazades hacia empleos manuales menos calificados y con peores salarios (si, exactamente eso le pasó al papá de Charly y la fábrica de chocolates). Del lado de “les ganadores”, la foto también cambia. Si antes las personas más ricas de la tierra vivían de rentas, en las últimas décadas apareció un nuevo tipo de multimillonarios: los CEO’s. Los CEO’s (y acá no aplica mucho el inclusivo porque son casi todos varones) no son dueños de sus empresas, pero cobran ingresos millonarios por su trabajo. Y aunque también tengan renta y capital son, paradójicamente, asalariados (si querés saber más sobre este tema podés leer “Capitalismo, nada más”, de Branko Milanovic).

 

En la punta de la pirámide el nivel de concentración de la riqueza se volvió grotesco. Las ocho personas más ricas del mundo tienen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. 8 muchachos versus 3.600 millones de personas (Oxfam, 2021). Bueno, pero seguro que laburaron un montón para conseguir esa plata en buena ley ¿no? Pues no mi ciela. El mismo informe de Oxfam denuncia cómo el 1% más rico usa una intrincada red de paraísos fiscales para eludir el pago de los impuestos que les corresponden, lo que vuelve una tarea casi imposible pensar mecanismos de redistribución.

 

En otras palabras, hay que repensar el vínculo de los multimillonarios con el Estado. Porque financiar viajes privados al espacio es re importante, pero mucho más importante es poner el desarrollo científico-tecnológico al servicio del desarrollo y garantizar que el 99% viva un poco mejor. Así que Elon, Jeff, Bill… tenemos que hablar, porque esta relación así como está, no va más. 

 

Sindicatos-Capital-Estado

 

Durante el siglo XXI pensamos las regulaciones laborales desde esta tríada, pero hace tiempo que el escenario del empleo se transformó. Así como del lado de les ganadores la foto cambió, en América Latina casi el 60% del empleo es informal (OIT, 2021), y estos trabajadores y trabajadoras suelen estar subrepresentades en las discusiones sobre el futuro del empleo. En esta línea, Nati Zaracho contó en el panel: “como cartonera me costó mucho identificarme como trabajadora (…). A mí me gustaría mucho que todos puedan elegir donde trabajar y en qué condiciones, pero hoy la verdad que no. Hoy el capitalismo nos está mostrando que vienen otras formas.” Entender esta realidad nos obliga a ampliar la base de la discusión y pensar nuevas formas de representación de les trabajadores. O sea, ¿alguien quiere pensar en les monotributistas?

 

Lo novedoso es que la desprotección laboral no se da sólo en los deciles más bajos. El segmento de trabajadores independientes (a.k.a. monotributristes) existe a lo largo de toda la pirámide social, y no para de crecer. Mis dos amigos de Rappi, de hecho, son “trabajadores independientes”. Por eso el testimonio de Eli Bracciaforte me parecía tan importante. Workana es una empresa que vincula más de 3 millones de freelancers en todo el mundo. Más del 90% tiene estudios de grado y buenos ingresos, pero los sistemas de protección laboral tampoco no se adecúan a elles. Eli decía en el panel, con toda la razón, que “quien ha tenido monotributo sabe que no sos igual al resto” (sí me representa, pues monotributista).

 

Monotributistas en Argentina

Fuente: Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía (Datos AFIP)

 

El debate sobre la seguridad social adaptada al siglo XXI todavía no tomó la centralidad que se merece. Una de las propuestas más interesantes que trajo Nati al panel es la del salario básico universal. ¿Delirio troskista? Para nada. Es una propuesta que vienen defendiendo multimillonarios como Elon Musk o Mark Zuckerberg, y en Argentina economistas como Levy Yeyati, que ahora está trabajando para Juntos por el Cambio. Quizás, parte de la respuesta durante los próximos años venga por ahí. Miles de millones de planeros a lo largo de todo el mundo… lo que más me preocupa es saber quién se lo cuenta a Baby Etchecopar.

 

No se puede predecir el futuro

 

Esto es algo que, en Argentina, deberíamos saber mejor que nadie. Las transformaciones en la economía dependen de cambios tecnológicos pero también (y principalmente) de disputas políticas, sociales y culturales. El Foro Económico de Davos lanzó en el 2020 un informe donde anticipaba la desaparición de 85 millones de empleos en sólo 5 años, que irían acompañados de la aparición de otros 97 millones de puestos de trabajo, y causó muchísimo revuelo. Pero es importante que sepas dos cosas sobre este informe:

 

  • El documento nunca dice eso. Sólo menciona que “podrían desaparecer”. Sí, el maldito condicional. ¿Sutil diferencia? Puede ser,  pero con enormes implicancias. Igual, parece que Infobae (y miles de notas en diarios de todo el mundo) nunca se enteró, y sigue diciendo que “para 2025 la nueva división del trabajo va a eliminar 85 millones de empleos”.

 

  • Además, ese número está hecho en base a una encuesta. El Foro de Davos le preguntó a empresarios de todo el mundo sobre sus proyecciones sobre la aparición y desaparición de puestos de trabajo, y sacó unos números a partir de estas opiniones.

El salto lógico entre que empresarios del mundo piensen que se van a perder puestos laborales y afirmarlo de forma contundente es enorme. Las afirmaciones sobre el futuro construyen realidad. Decir que se van a perder puestos de trabajo le hace creer a la gente que eso va a pasar. Y si al año siguiente les preguntás “¿creés que se van a perder puestos laborales?” y te dicen que sí, después no te sorprendas. La idea de que el futuro ya está escrito y sólo queda adaptarse es una herramienta de disciplinamiento muy poderosa. Por eso, si leés un informe financiado por un foro que nuclea a los empresarios más importantes del mundo, te sugiero tomarlo con pinzas.

 

En el futuro se van a perder 85 millones de empleos (Foro Económico Mundial, 2021)

Mirada interseccional

 

Pensar el trabajo en el siglo XXI nos obliga a mirar cómo las desigualdades económicas se articulan con otras dimensiones como el género, la edad o la racialización. En América Latina, por ejemplo, más del 80% de las personas trans manifiestan que las búsquedas laborales son particularmente hostiles por la discriminación que reciben por su identidad de género (RedLacTrans, 2020). Y cuando consiguen trabajo las obras sociales les niegan la prestación (si te copás, tomate un minuto y firmá este petitorio).

 

Además, la economía feminista nos enseñó a mirar lo que pasa afuera de los espacios de trabajo remunerado y poner el foco en las economías del cuidado, y ahí también está cambiando todo muy rápido. ¿Por qué? Por cómo está envejeciendo el mundo. Entre 2015 y 2050 la proporción de la población mundial con más de 60 años de edad va a pasar de 900 millones a 2.000 millones: un aumento del 12% al 22%. En Latinoamérica, las estimaciones prevén que para el año 2030 la proporción de adultos mayores va a ser del 30%.

 

En otras palabras: cada vez hay más viejes. Y no sólo vivimos más: también se estiró la cantidad de años que vivimos con dependencia, y casi siempre los cuidados recaen sobre familiares. ¿La tecnología puede resolver los desafíos de los cuidados? Sólo en parte, pero eso lo vemos en otra entrega.

 

Y en temas de cuidados, los varones todavía estamos en cualquiera. El INDEC publicó la semana pasada los resultados de la encuesta de uso del tiempo, donde muestra que el 91,6% de las mujeres realiza tareas domésticas, mientras que en los varones esa cifra baja al 73,9%. Como un espejo, eso se traduce en una participación más baja de las mujeres en el mercado de trabajo (36,9% vs 55,5%), y perpetúa las desigualdades de género. Por eso es tan importante el proyecto que se va a estar discutiendo en las próximas semanas: la (me pongo de pie) ampliación de las licencias parentales. 

 

En fin, ¿nos vamos a quedar todes sin trabajo? ¿Un robot se va a ocupar de mantenerme mientras yo cumplo el sueño de vivir en la playa? ¿Estamos ante una situación desesperante o en las vísperas de un futuro esperanzador? La verdad es que no se. Un poco va a depender de la tecnología pero mucho más de las decisiones que tomemos como sociedad. O de la próxima pandemia, meteoritos, el apocalipsis o lo que sea que pase en los próximos años.

 

Eso fue todo ¡gracias por llegar hasta acá! Este newsletter está en construcción y va a salir cada dos semanas. Si conocés a alguien a quien le pueda interesar ¿se lo reenviás? Y si te gustó, te podés suscribir acá. Me re sirve si me respondés contándote qué te pareció y qué  temas te gustaría que aborde en las próximas entregas. 

 

Manu Aguilera

Manu Aguilera

Director Ejecutivo y Cofundador de Impacto Digital

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